martes, 14 de marzo de 2017

Me da igual

Me da igual que ya no me bailes el agua,
muero de ganas de que veas cuando me sube la marea,
Me da igual que me sepas rota de olas,
ahogada por otro,
desconjugada de tiempos imperfectos.
Quiero que sea en mi ombligo donde te reflejes.
Me da igual que tu norte no apunte a mi sur,
que tu viento pueda con otras veletas
y con mi pelo también.
Me da igual la herida del timón incrustado,
del ancla a dos vueltas de mi cuello,
de las velas tapando mis ojos.

Soy oceánica y naufrago cuando quiero.

martes, 7 de marzo de 2017

Invencible

No se trata de llegar a una meta,
o de no probar la derrota.
Se trata de un estado más mental que físico
y de un sentimiento más físico que mental.
Da igual que no lo entiendas, tienes que vivirlo.
Es como ese horizonte que crees que no alcanzarás nunca, 
pero así como te mira el sol cada mañana, 
la respuesta es una piel erizada. 
"No hace falta que me lo expliques 
porque yo también lo he sentido"
Pero tenía que hacerle un poema.

Invencible como cuando miras desde abajo a la cima 
y notas todo el aire en la cara,
como si ya la hubieras subido.
Invencible como cuando el corazón es arritmia,
y las horas no cuadran con el número de latidos.
Como el mecanismo de un reloj sumergible, 
resistente a ese momento oceánico.
Invencible como esa mentira que se traga de una vez
 y no se indigesta nadie.
Invencible porque conseguir un imposible, 
te da una fuerza sin fecha de caducidad.
¿O si?

Mírame

Echo de menos la magia de una mirada, 
la que con mirarte adivina el estado de tu alma.

Luego están las miradas espAciales, 
esas que cuando coinciden con la tuya y chocan, forman una constelación nueva
en el cielo de tu boca.

Y la que quiero conocer y descubrir,
es una mirada íntima,
la que muestras sin saberlo,
lo que llevas debajo de la ropa, 
debajo de la piel, 
de los huesos...

la que eres tú porque hace que te olvides
de que te están mirando.

Así, así quiero que me mires. 

jueves, 2 de marzo de 2017

La luna ya lo sabe

Te espero en los accidentes de mi cuerpo, aunque el accidente es la espera.
Ya no quiero la paja.
Los experimentos propios,
para las ratas de laboratorio
del champú de mi pelo.
Quiero enjabonar tus ideas macabras
entre tu anillo y mi cama.
Yo ya rompí el velo hace tiempo.
Tu reloj y el mío no marcan lo mismo.
El tuyo es el que sigue marcando los tiempos.
El mío contempla el paso de las estaciones.
Por eso hice trampa una vez, 
parándolo en el verano,
pero nadie puede engañar a la luna y sus mareas.
Al final es la que lo sabe todo.
Y sabe que aún recuerdas la suavidad de mis accidentes,
el reflejo de tus ojos en el sudor de mi pecho,
el calor dentro del frío,
la lluvia esperándonos en la calle,
la niebla en tus zapatos,
las lágrimas de día y las sonrisas de noche,
tu resurrección inesperada en invierno,
mi muerte anunciada en verano...

Y todo eso lo sabe porque yo se lo he contado.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Tú que me volviste oceánica de un beso,
tanto que cuando entro al mar,
sube la marea.
Tú que hiciste que recogiera hojas secas del suelo e hiciera entre mis pechos toda una primavera.
Tú que en la distancia más invernal,
me dejaste el verano cubriendo mi espalda hasta la siguiente estación.

Y ahora tú de nuevo.
Tú que sin vernos,
me lees los abrazos, el peinado y las sonrisas.
Tú que te guardas mis miedos para que yo no los vea más.
Tú que te callas y los haces tuyos.
Tú.

lunes, 27 de febrero de 2017

Yo

En el momento que huía de mí misma,
me hicieron un control de "alcohemociones"
Y di positivo.
No se puede huir de tus propias consecuencias.
Así que me amotiné en la cárcel,
que yo misma había tirado la llave al mar,
y dejé volar mis sentimientos.
Mejor dicho, los eché.
En ese momento todo dentro era hierro.
Tomé el control de nuevo del viento en mi pelo, del color de mis labios,
del polvo de mis rodillas.
Tomé el control del tráfico de las lagrimas y abrazos de mi bebé,
de entender y apreciar el motivo de ambos.
De las horas sin mamá,
de las cervezas con papá.
Sus faltas de ortografía no entendían de puntos finales ni puntos aparte.
De echo no entendía de nada que se hiciera con papel y boli.
Así que buceé en el océano helado de todas las emociones esquivando icebergs.
Frío, frío, mucho frío.
Hasta que comprendí mi tristeza y me enemiste con ella.
Y entonces encontré la llave: era yo.

jueves, 2 de febrero de 2017

Ni todo ni nada

Qué bien se vive sin 'ojalás',
sin puertas entreabiertas,
sin miedo al viento que se lleva 
a otras bocas, el beso lanzado solo a una.
Qué bien se vive sin esperar señales,
sin estrategias para que te quieran,
sin esperar nada.
Qué bien sin última conexión,
sin la cena hecha
sin miedo a las tormentas, ni a las calmas.

Que bien sin nadie,
porque con nadie
también es todo.

domingo, 29 de enero de 2017

Perdona que te llame amor

Cae la noche sin tropezar con nada.
Tropieza mi boca para caer contra la tuya.
Qué torpe es el deseo.
Tropezaríamos con la misma piedra 
sino fuera porque ya es polvo del camino.
El deseo confunde al amor.
El amor es ingenuo y se hace el tonto cuando quiere.
Contra el deseo no puedes hacer nada,
ni tirar tus propias piedras.
Ni papel, ni tijeras.
Siempre pierdes.
El deseo es como esa droga que te inhibe de todas tus voluntades.
Incluso la de no hacer daño a la otra persona.
Perdona por todos los besos que no te de con amor.
Perdona por todo el amor que te di sin besos
Perdona por el camino lleno de piedras,
Perdona por el frío después del amor.
Perdona por saber lo que quiero y por lo que no quiero también.

Y sino, no me perdones.
Pero disimula.

martes, 17 de enero de 2017

Suicidio emocional

Hoy llamó a mi puerta
un buen recuerdo tuyo. 
Pero cuando he abierto,
me ha aplastado como esa manada en estampida.
Debería haber mirado primero por la mirilla.
No es que no me guste recordarte.
Lo bueno si.
Pero es que luego me cuesta reponerme un par de días.
Ojalá inventaran unos tarros especiales para guardarlos.
Pero es que si se consiguiera eso,
también existirían tarros de lágrimas.
Seguro.
Por eso yo escribo.
Porque puedo besarte sin tenerte 
o llorarte sin que me hayas ofendido.

martes, 3 de enero de 2017

Gris oscuro, casi verde

Lo que peor llevo es que no te creas mi poesía.
"Cómo puedes ser tan fría" es lo más azul que me dijiste en la despedida.
Por eso llevo mejor el invierno de icebergs anclados en mi pecho.
Azul como mis labios en parada cardiaca desde tu 'no quiero saber nada más de ti'.

No quiero volver contigo,
pero deja que te diga que te echo de menos.
Cómo hacer entender que echo de menos el amor que construimos,
pero no a ti.
Ahora que he pasado de ser piedra en tu camino,
cuando primero yo fui ese camino 
y ahora escombro de edificio en conflicto.
Para conflicto el de mis pájaros en una jaula con la puerta abierta.
Que no saben dónde les espera más dolor,
si fuera o dentro de ella.

Ya no soy tuya por fuera,
pero aún lo soy un poco por dentro. 
Solo un poco.
Creo que ya no escribo poesía,
escribo excusas.

Supongo que ya habrás quemado la poesía porque el invierno nos ha llegado de golpe.
Sino hazlo antes de que la primavera los enrede como zarzas en mi lado de tu cama.
Entonces si que saldrás herido cuando lo invadas.
No te preocupes que yo también llevo heridas,
como este poema que no leerás,
como tu abrazo eterno ya medio descosido,
como el color verde que desapareció de mi estuche de lápices.
como la palabra amor si no sale de tu boca.

Posdata: No se me gastaron los 'te quiero', 
se me cayeron de golpe como ese cestillo lleno de canicas.
No te olvides al recoger, mira debajo del sofá.
Porque si encuentras alguna un día,
igual tienes suerte o una herida más.