lunes, 27 de febrero de 2017

Yo

En el momento que huía de mí misma,
me hicieron un control de "alcohemociones"
Y di positivo.
No se puede huir de tus propias consecuencias.
Así que me amotiné en la cárcel,
que yo misma había tirado la llave al mar,
y dejé volar mis sentimientos.
Mejor dicho, los eché.
En ese momento todo dentro era hierro.
Tomé el control de nuevo del viento en mi pelo, del color de mis labios,
del polvo de mis rodillas.
Tomé el control del tráfico de las lagrimas y abrazos de mi bebé,
de entender y apreciar el motivo de ambos.
De las horas sin mamá,
de las cervezas con papá.
Sus faltas de ortografía no entendían de puntos finales ni puntos aparte.
De echo no entendía de nada que se hiciera con papel y boli.
Así que buceé en el océano helado de todas las emociones esquivando icebergs.
Frío, frío, mucho frío.
Hasta que comprendí mi tristeza y me enemiste con ella.
Y entonces encontré la llave: era yo.

jueves, 2 de febrero de 2017

Ni todo ni nada

Qué bien se vive sin 'ojalás',
sin puertas entreabiertas,
sin miedo al viento que se lleva 
a otras bocas, el beso lanzado solo a una.
Qué bien se vive sin esperar señales,
sin estrategias para que te quieran,
sin esperar nada.
Qué bien sin última conexión,
sin la cena hecha
sin miedo a las tormentas, ni a las calmas.

Que bien sin nadie,
porque con nadie
también es todo.

domingo, 29 de enero de 2017

Perdona que te llame amor

Cae la noche sin tropezar con nada.
Tropieza mi boca para caer contra la tuya.
Qué torpe es el deseo.
Tropezaríamos con la misma piedra 
sino fuera porque ya es polvo del camino.
El deseo confunde al amor.
El amor es ingenuo y se hace el tonto cuando quiere.
Contra el deseo no puedes hacer nada,
ni tirar tus propias piedras.
Ni papel, ni tijeras.
Siempre pierdes.
El deseo es como esa droga que te inhibe de todas tus voluntades.
Incluso la de no hacer daño a la otra persona.
Perdona por todos los besos que no te de con amor.
Perdona por todo el amor que te di sin besos
Perdona por el camino lleno de piedras,
Perdona por el frío después del amor.
Perdona por saber lo que quiero y por lo que no quiero también.

Y sino, no me perdones.
Pero disimula.

martes, 17 de enero de 2017

Suicidio emocional

Hoy llamó a mi puerta
un buen recuerdo tuyo. 
Pero cuando he abierto,
me ha aplastado como esa manada en estampida.
Debería haber mirado primero por la mirilla.
No es que no me guste recordarte.
Lo bueno si.
Pero es que luego me cuesta reponerme un par de días.
Ojalá inventaran unos tarros especiales para guardarlos.
Pero es que si se consiguiera eso,
también existirían tarros de lágrimas.
Seguro.
Por eso yo escribo.
Porque puedo besarte sin tenerte 
o llorarte sin que me hayas ofendido.

martes, 3 de enero de 2017

Gris oscuro, casi verde

Lo que peor llevo es que no te creas mi poesía.
"Cómo puedes ser tan fría" es lo más azul que me dijiste en la despedida.
Por eso llevo mejor el invierno de icebergs anclados en mi pecho.
Azul como mis labios en parada cardiaca desde tu 'no quiero saber nada más de ti'.

No quiero volver contigo,
pero deja que te diga que te echo de menos.
Cómo hacer entender que echo de menos el amor que construimos,
pero no a ti.
Ahora que he pasado de ser piedra en tu camino,
cuando primero yo fui ese camino 
y ahora escombro de edificio en conflicto.
Para conflicto el de mis pájaros en una jaula con la puerta abierta.
Que no saben dónde les espera más dolor,
si fuera o dentro de ella.

Ya no soy tuya por fuera,
pero aún lo soy un poco por dentro. 
Solo un poco.
Creo que ya no escribo poesía,
escribo excusas.

Supongo que ya habrás quemado la poesía porque el invierno nos ha llegado de golpe.
Sino hazlo antes de que la primavera los enrede como zarzas en mi lado de tu cama.
Entonces si que saldrás herido cuando lo invadas.
No te preocupes que yo también llevo heridas,
como este poema que no leerás,
como tu abrazo eterno ya medio descosido,
como el color verde que desapareció de mi estuche de lápices.
como la palabra amor si no sale de tu boca.

Posdata: No se me gastaron los 'te quiero', 
se me cayeron de golpe como ese cestillo lleno de canicas.
No te olvides al recoger, mira debajo del sofá.
Porque si encuentras alguna un día,
igual tienes suerte o una herida más.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Resucitar cansa


Cuanto más te pienso menos existo.
En tu jaula podía hacer vuelo raso desde lo alto y ancho de tu espalda.
Los barrotes llevaban entre ellos tanta distancia que podría pasar por el hueco.
Como esas correas extensibles de mascotas, una libertad de broma.
No lo aprecié pero estaban ahí.
Hemos pretendido ser como esas personas que perdonan pero no olvidan.
El problema es que si se perdona, deberíamos olvidarlo.
Pero si no lo olvidas es porque no lo estás perdonando y entonces la memoria nos puede hacer mucho daño.
No se deben aceptar disculpas con los ojos inundados, y menos cuando te piden perdón con los ojos secos.
Tú que te pasaste media vida pidiendo hechos, fueron sepultados de golpe por todas esas palabras que un día ya se las podría haber llevado el viento.
Mis oídos no podían creer lo que escuchaban y tú boca ya podría haber sido más prudente.
Y aún así resucité, otra vez, y resucitar cansa. 
No es cosa de brujas.
De brujas es tener todos los poemas ardiendo metidos en una caja de madera y que no haya ni una puta ceniza al abrirla.

Todo amor merece poesía. 
Pero no todo amor merece cenizas.

Y ahora toda la poesía es tuya. Quémala. 

jueves, 22 de diciembre de 2016

El peso de la felicidad

La felicidad dicen que se mide por las veces que sonríes. 
No creo que eso sea cierto porque enseñar los dientes no es solo sonreír. 
Ni estar feliz implica ir sonriendo por ahí.
La felicidad se palpa en las personas, se muerde en el ambiente, se contagia, se envidia.
Todo tu cuerpo habla sin hablar.
Si te pasa algo por mi culpa que sea sonreír, 
y hacía tiempo que no conseguía hacer que sonrieras.
Pensé que yo solo era del aire y del océano hasta que te conocí, hasta que me rescataste de mi 'no yo' y me zambullí hacia el fondo de tus ojos verdes.
Me dio igual tragar agua y llevarme los pulmones encharcados.
Por eso siempre me ha faltado el aire a tu lado.
¿Sabes cuánto pesa la felicidad que no consigues hacer llegar?
Pues es como si te pasara por encima una estampida de búfalos.
Pues así me siento y no te culpo.
Siento haber fracasado y no sólo por ti.
Sino por mi.
Por volver a creer o por volver a creer demasiado.
Enamorarte te da la posibilidad de creer que puedes con todo.
Hasta de lo que se te escapa de las manos y del raciocinio.
Pero si fracasas, lo que crees es que no has sido capaz y sientes la pérdida ya no sólo de la otra persona sino de una parte de ti mismo.
Y yo lo siento, no he sido capaz.

martes, 20 de diciembre de 2016

Háblame de él

No me gustan los hombres que hacen que se te caigan las bragas.
Me gustan los que las bajan ellos mismos.
Como él.
Y en este caso no es solo literal.
No es que él lo fuera todo. Él era único en ciertas cosas. Único joder. Único.
Para lo bueno y también para lo malo.
Y por lo último supongo que estoy aquí manchando de letras este papel.
Para lo bueno estuve ausente del universo, ausente de cuidar de mi perro, en busca y captura de mi árbol genealógico y fui pulgarcito buscando migas de pan a cada sitio que iba. 
Porque tenía que volver.
Primero fui embajadora del hueco que hay entre sus brazos, luego me convertí en expropiadora de su pecho.
Fue todo mío. Mío joder. 
Y de últimas me lanzaba entre sus brazos como el experto que lo hace con doble triple mortal.
Controlé al principio. Luego era deporte de riesgo. Caer entre sus brazos me hacía inmortal. Luego era una muerta viviente.
Descubrí que no sólo se llora de risa. Oceánica fui a la inversa, primero fui de coño para fuera. Luego fui de ojos mejilla abajo.
Lo que más me jode es que él soltaba a cuentagotas los te quiero. Y eso llena más el vaso. Es el primero que me emborracha con una sola copa. 
Hoy se me cayó el vaso. Y otras cosas menos las bragas.
Y aún así, siento que con lo bonito que fue, con lo intenso, es como hacerle un homenaje a lo que fuimos uno para el otro y a recapacitar por lo que no fuimos estando juntos.
Los puntos finales existen y nosotros tenemos que vomitar las perdices para ser felices, pero cada uno por su lado.

Y que aunque las aves carroñeras vengan ahora a devorar tu cuerpo, que se den cuenta de que tu puto corazón lo tengo yo.
Que coman, que piquen por fuera, malditas. 
Que mío fuiste poco. Pero fuiste todo.
O eso quiero, sentir, creer, morir....

martes, 13 de diciembre de 2016

La nada del todo

Somos fuego esparcido 
en purpurina de polvo suspendido.
Quieto e inquieto a la vez.
Sóplame suave y mece mi flequillo,
ciérrame los ojos con tu aliento.
Pestañea y deja caer 
tu verde mirada sobre mi.
Mírame como nunca
Bésame como siempre.
Mírame como siempre
Bésame como nunca.
Espolvoréame la risa y el coño,
todo a la vez.
Sonríele a mi ombligo,
quítame todos los interrogantes
escondidos en mis axilas.
Y así los abrazos serán 
toda la verdad junta.

El vértigo del adiós

Al amor hay que llegar con las heridas cicatrizadas de casa.
En pareja las heridas se lamen, no se abren.
Yo me he visto con las heridas ya curadas, como tú a veces escarbabas en ellas hasta hacerlas sangrar.
No busques en ellas la seguridad que te falta para creerte si te quiero.
Pero ¿cómo se puede querer a quien te las abre, a la vez que luego te las cura?
El amor es lo-cura.
Ven hablar al lado del mar porque la discusión al lado del mar es menos discusión.
Porque el único grito que soporto es el que emiten los cuerpos.
Y el único silencio que me duele es el de tu corazón.
Quisiera darte ese abrazo que derribe la duda como ciudades caben dentro.
Pero a veces creo que cuanto más verano queremos ser, más invierno nos volvemos.